El mediocampo de Boca, la gran fortaleza del equipo, tardó en acomodarse a la tarde del Monumental pero cuando lo hizo Paredes dominó el juego y los tiempos. El 5 campeón del mundo no brilló, pero con carácter y jerarquía copó la parada.
Los cambios obligados de River en esa zona, más allá del buen intento de Coudet de jugar con hombres de ataque, complicaron el panorama para el local. El ingreso de Giuliano Galoppo en lugar de Meza tampoco sirvió para encontrar soluciones, porque River generó más ataques por verticalidad y ambición que por volumen de juego.
Boca ganó el Superclásico de visitante porque no falló cuando el partido le dio la oportunidad. River perdió porque no fue profundo y tampoco fue contundente las pocas veces que llegó con peligro. En los minutos finales, el partido tuvo la fisonomía habitual: el que pierde va al ataque con todo y el que gana genera contragolpes claros. Ninguno de los dos logró lastimar y terminó con polémica y un total de 10 amonestados.
El partido sirve para afianzar sensaciones: hoy Boca está más firme, confiado y seguro como equipo, mientras que River, aunque va por el buen camino, todavía está en formación.